Jinete del tiempo
Soy el catador de atardeceres,
el heredero de los siglos,
el jinete del tiempo.
Me siento orgulloso de quien habita en mí:
sé lo especial y valioso que soy.
Confío. Me amo.
Me apruebo por sobre todas las cosas.
Soy un ser soñador con la fe necesaria
para ver lo invisible,
sentir lo intangible
y conquistar lo imposible.
Me respeto y me prometo felicidad.
La vida camina a mi lado, pase lo que pase.
Buscame es un acto de heroicidad:
superarme a mí mismo, una y otra vez,
expandiendo los límites de mi propia identidad.
Como los grandes espíritus,
no recibo esplendor de lo externo;
llevo mi propia grandeza conmigo.
Miro a mi alrededor y nada ha cambiado...
excepto yo.
Ya no me desvivo por preguntas sin respuesta:
el tiempo me lo ha dejado claro todo.
Aprendí que pocas guerras valen la paz que perdí.
La vida apremia, pero ya no hay prisa:
cambio miedos por sueños,
acepto mi sombra,
vuelvo a empezar.
Retomo el vuelo.
Decido ganarle segundos al tiempo perdido,
vivir como si el hoy fuera el único escenario
y reencontrarme conmigo mismo
como el único destino posible.
Te deseo el olvido para quien se olvidó de ti.
Te deseo viajes, memorias vivas,
besos bonitos y brindis con el alma.
Te deseo la valentía de decir: "Te amo".
Abrazos que detengan el mundo al cerrar los ojos
y huracanes de vida que te hagan sentir.
Vivir es el arte de perder lo ganado:
porque cualquier pérdida, con el duelo suficiente,
se transmuta en ganancia.
Mis fronteras son el espacio infinito:
comienzan donde nace el sol
y terminan donde se posa la luna...

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