Esto pasará tambien...
En estos tiempos del virus Sars Cov 2, la vida y la muerte han recobrado un nuevo significado para todos nosotros. Antes era excepcional ver personas que fallecían tras una larga enfermedad, o repentinamente por algún tipo de accidente traumático. En ese entonces podíamos despedirnos, acompañar en el velatorio y entierro compartiendo un abrazo de pésame, reunirse en un mismo espacio físico y social, expresar el dolor en los rostros, decir unas palabras de consuelo y dar algún soporte, poder llorar o expresar el dolor durante todo ese proceso de despedida; decir adiós a una persona querida sabiendo que ya no puede acompañarnos físicamente a casa, solo queda su recuerdo en nosotros de lo que hizo en vida. Empieza el proceso de duelo que lleva un tiempo indistinto para cada persona.
Ahora este virus ha cambiado nuestra forma de vivir la muerte, debido a su alta incidencia de contagio, si un familiar adquiere esta enfermedad y se pone grave no podemos acompañarlo ni verlo, ni sostenerlo emocionalmente, solo nuestras oraciones van con el o ella, se queda solo para afrontar el virus y depende exclusivamente de si mismo y de los cuidados del personal de salud. La familia queda aislada como el paciente, como si la soledad fuera un síntomas mas de este virus.
Hemos sido hasta ahora la especie mas inconsciente, destruyendo el planeta y a otros seres vivos que tienen el mismo derecho de habitar esta tierra y respirar este aire al igual que nosotros, aquel respirar que ahora nos da miedo de contagio, tenía que explotarnos en la cara, darnos de bruces, aislarnos, afectarnos directamente para sentir la desesperación, miedo y angustia; afrontando de mil formas la incertidumbre de no estar seguros como sera la vida en adelante.
Estamos cumpliendo estrictamente la cuarentena, viendo como todo de un momento a otro ha cambiado drásticamente, desde no poder vernos el rostro y solo intentar comunicar toda nuestra diversidad de lenguaje no verbal con los ojos ; la cercanía emocional y la fraternidad física están prohibidas, los besos están exiliados, las citas, la complicidad, las escapadas, la pichanga, los viajes, las caminatas, salir a correr, las vacaciones a un destino remoto, la salidas a cenar un apetitoso manjar, acciones que configuraban nuestra naturaleza social del día a día ahora están proscritas.
¿Podemos vivir sin ese intercambio afectivo de las personas que mas queremos? ¿En que medida afectará este tiempo de distanciamiento nuestras relaciones emocionales? ¿Cómo supliremos el contacto y afecto físico entre seres humanos? ¿La humanidad evolucionará?
En situaciones límite como esta pandemia que nos ha tocado vivir, es cuando el ser humano recapitula su vida, sus prioridades, su lugar y sentido en la vida, tiene el tiempo para analizar como se siente frente a la vida que lleva, si moriría tranquilo o le quedaría mucho por hacer, si ha estado en el camino correcto o ha hecho todo lo que los demás esperaban de él o ella, quizás esperando que algo pase y le devuelva a la ruta, le haga reaccionar de la finitud de la vida y del verdadero sentido en su caminar.
Si intentamos ver mas allá y cuestionarnos del por qué de la presencia de este microorganismo para el ser humano o como dicen por ahí: ¿Si nos está preparando para algo mas? , ¿Si quiere hacernos reflexionar como especie? ¿Qué podemos rescatar de esta experiencia? ¿Qué nos vino a enseñar el Sars Cov 2? ¿De qué forma la resiliencia en cada uno de nosotros actuará? ¿Cual será nuestra respuesta y papel que desarrollaremos personalmente?...

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