Perdón
Buda decía que agarrarse a la ira es como coger una brasa para arrojársela a alguien: el que se quema eres tú. La investigación empírica confirma esta percepción:" las personas que perdonan tienen menos probabilidades de parecer odiosas, deprimidas, hostiles, ansiosas, irritadas y neuróticas, y es más probable que sean más felices, más sanas, más agradables y más serenas. Son más capaces de identificarse con los demás y de ser espirituales o religiosas. Las personas que perdonan los daños en las relaciones son más capaces de restablecer la cercanía. Por último, la incapacidad para perdonar se asocia con la elucubración persistente o con pensar demasiado en la venganza, mientras que el perdón nos permite seguir adelante..
Antes de ser capaz de perdonar a otra persona, un buen primer ejercicio consiste en apreciar un caso en el que hayas sido perdonado tú." Recuerda alguna vez que hayas hecho daño a otro. Puede que fueras odioso con tus padres, que traicionaste a una pareja o que eludieses a un amigo. Si estas personas te perdonaron, ¿cómo te lo comunicaron y cuál fue tu respuesta? ¿Por qué crees que lo hicieron? ¿Te parece que se beneficiaron de haberte perdonado? ¿También os beneficiasteis tú y tu relación con esa persona? ¿Te enseñó algo la experiencia o te hizo cambiar de alguna manera? Por último, ¿cómo percibes aquella experiencia en este momento? Este ejercicio te ayudará a ver las ventajas del perdón, y puede que te sirva de modelo para perdonar.
Imaginar el perdón
En este ejercicio, trata de imitar a los participantes en un estudio fascinante sobre el papel de la imaginación en el perdón." En primer lugar, identifica a una persona determinada a la que consideres culpable de tratarte mal o de ofenderte. En segundo lugar, utiliza tu imaginación para identificarte con el ofensor y concederle el perdón. Tratar de identificarte con él quiere decir ver la situación con sus ojos y oírla con sus oídos, verlo como una persona completa, en lugar de definirlo sólo mediante el comportamiento ofensivo. Conceder el perdón no implica necesariamente excusar ni tolerar su comportamiento, pero sí tratar de desprenderte de tu dolor, tu ira y tu hostilidad, y adoptar un punto de vista más generoso y benévolo. Mientras haces el ejercicio de imaginación, trata de prestar mucha atención a lo que piensas, lo que sientes y lo que haces. Por ejemplo, si te imaginas que perdonas a tu padre por haberte abandonado, ¿qué le dirías? ¿Cómo te sentirías: qué emociones, con qué intensidad y en qué orden?
Escribir una carta de perdón
Una de las mejores estrategias consiste en escribir una «carta de perdón». En la carta, describe con todo detalle el agravio o la ofensa que has sufrido. Explica cómo te afectó en aquel momento y cómo te sigue afectando en el presente. Di lo que deseas que hubiese hecho en cambio la otra persona. Finaliza la carta con una declaración explícita de perdón y comprensión (por ejemplo: «Ahora me doy cuenta de que hiciste lo mejor que podías hacer en aquel momento y te perdono»).
Practicar la empatía
Una manera de practicar la empatía en tu vida cotidiana consiste en prestar atención cada vez que alguien hace algo que no comprendes. Trata de entender los pensamientos, los sentimientos y las intenciones de esa persona. ¿Por qué actuó como lo hizo? ¿Qué factores podrían explicado? De ser posible, pregúntaselo tú mismo, y tal vez aprendas algo.

Comentarios
Publicar un comentario