El poder de las palabras

Todos los seres humanos somos sensibles de diferentes formas, somos seres receptores de ese poder que tienen las palabras cuando llegan a nosotros. Son el alimento que origina pensamientos y sentimientos que nosotros tomamos de combustible para vivir.

En las islas Salomón del Pacífico sur, los nativos practican una forma única de talar los árboles. Si un árbol es demasiado grande para ser talado con un hacha, los lugareños lo hacen caer a gritos. Ellos se reúnen al amanecer, rodean el árbol y le gritan insultos y lo maldicen. Lo hacen durante un mes, poco a poco, el árbol comienza a marchitarse y muere por sí mismo. La teoría es que los gritos matan el espíritu del árbol y según los isleños siempre da resultado.

Está historia nos puede ilustrar el poder de las palabras y la sensibilidad de los seres vivos. Si somos creadores y dadores de palabras por excelencia: ¿cuántas de ellas construyen confianza, dan aliento, reconocen la valía, expresan sentimientos positivos, halagan sinceramente a quienes verdaderamente lo merecen? 
O de nuestro argumento y actitud: ¿cuántas palabras destruyen, corroen, lastiman, hieren, ridiculizan, degradan y matarían a un árbol inevitablemente?

Detengámonos un instante y tomemos conciencia de lo que expresamos en nuestro lenguaje interior, en nuestras relaciones diarias. Y preguntémonos ¿Nuestras palabras dan vida o la disminuyen?

Comentarios

Entradas populares